jueves, 8 de octubre de 2015

Leer cuando eres madre

La lectura es mi mayor afición, un hobby, una vía de escape, la única forma (a parte de hacer ganchillo) de desconectar de un largo y tedioso día en el trabajo... Adoraba esos trayectos en tren para ir al instituto... Más tarde a la universidad... Poco después al trabajo... No me importaba leer de pie, lo importante era disfrutar de ese rato con cualquier novela. Adoraba esos ratos ya en la cama, libro en mano, a la luz de mi lamparita de noche y la suave respiración de mi pareja a mi espalda. Nunca me ha importado sacrificar alguna horita de sueño para terminar un libro, un capítulo, un párrafo...!

La cosa cambia cuando eres madre. Cuando te levantas corriendo por la mañana para ducharte y medio maquillarte (quitarte las ojeras para ir al trabajo). Levantas a tu preciosa hija, que parece un gatito aún adormilado, la cambias, la vistes, la peinas, le preparas el desayuno y aprovechas que come unas galletas para atarte las zapatillas y terminar de ponerte el uniforme (no hay tiempo para cambiarse después). Son las 8:30h cuando salimos de casa, una bolsa al hombro, la niña de la mano intentando escapar constantemente, el carro en la otra mano, el móvil que te has dejado y por el que has tenido que dar la vuelta... Por fin en el coche, escuchando "las mañanas Kiss" en Kiss FM y camino a la guardería. Dejas a la niña y te vas a trabajar. Ya tampoco quedan esos minutos antes de empezar la jornada para sacarte algo de la máquina y abrir el libro que llevas en el bolso... Vas demasiado justa. Empiezan las 6 horas de trabajo casi ininterrumpido.

Son las 16h cuando sales literalmente corriendo hacia el parking a coger de nuevo el coche para ir a casa de tu madre, que cada día recoge a la niña cuando sale de la guardería. Comes allí, coges a la niña y vuelves a casa. Y empieza ese ratito mágico con tu pequeña, coloreando, saltando, bailando, jugando a cualquier cosa y riendo como locas. Más tarde toca bañar a la pequeña, hacer la cena, dar de cenar a la niña, cenar, acostar a la princesa, hacer la comida para el día siguiente, terminar el amigurumi que estabas preparando, recoger ropa tendida, cambiar las sábanas y, en definitiva, esas pequeñas tareas que una tiene que hacer en su casa...

Llega el segundo momento más mágico del día... Cuando, a una hora no muy temprana, por fin te metes en la cama dispuesta a coger el kindle y disfrutar de un ratito de lectura... Pero... ¡Sorpresa! Lees un 4% y te quedas dormida con la lámpara de noche encendida y siempre tiene que venir tu pareja a apagarla y quitarte el libro electrónico de la mano...

Ahora podemos cambiar "leer" por cualquier otra afición en el título de la entrada y garantizo que el resultado es el mismo...

De ahí que ya no actualice el blog... De lo poquito que leo no suelo escribir por falta de tiempo... Espero ir retomando costumbres... El inicio de la guardería ha sido más difícil de lo que esperaba!

Un besazo,


1 comentario:

  1. Sin duda, leer es un placer y escribir, una aventura.

    Saludos.

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